Haters Gonna Hate

Recuerdo cuando tenía 6 años que el papa Juan Pablo II nos visitó. Yo era muy joven para entender muchas cosas, pero era claro que se trataba de un evento de suma importancia. El Perú estaba pasando por un momento económico terrible y el terrorismo ya empezaba a cobrar sus primeras víctimas. De más está decir que en esa época éramos un país más conservador del que podríamos ser hoy en día, por lo que esta visita fue una luz de esperanza para muchos.

Los tiempos han cambiado muchísimo, la iglesia ya no es tan venerada como lo era antes, ya sea por los escándalos descubiertos a través de los años o por las nuevas maneras de pensar de las personas, no lo sé. Lo que sí sé es que con esta visita ha quedado demostrado que nunca estamos conformes con nada. Y es que son justamente estos grandes eventos los que despiertan en nosotros esa pataleta infantil del quejarnos de todo con el afán que nos hagan caso y nos mimen como si fuéramos niños de 6 años (la edad que yo tenía cuando vino el papa Juan Pablo II)

Deja de ser risible y se vuelve insoportable el hecho de saber que vivimos en una sociedad repleta de “haters” que escudan su necesidad de reconocimiento y afecto con la excusa de la búsqueda del bien común y la libertad de expresión a través de protestas que pueden llegar a ser ofensivas incluso para quienes los apoyan.

Estoy seguro que, si viene el papa, el Dalai Lama, la reencarnación de Haile Selassie I, de Siddharta Gautama, Krishna, Odin, Ra, Zeus, el maestro Yoda o quien fuera, igual se van a quejar… Incluso si nadie viene ¡se quejarían porque nadie vino!

Ojalá que este comportamiento autodestructivo sea superado a tiempo y no luego de lograr caerle mal a todos y quedarnos aislados del mundo, un mundo que, al pasar de los años, descubrimos que es más grande y variado de lo que creímos, con diferentes religiones y costumbres. Un mundo en donde, en algunos lugares, se matan por la religión ¿a eso queremos llegar?





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