La bifurcación del camino
Los días ya no son extraños, el amanecer siempre es el
mismo. Cuando sientes que nada nuevo pasará, sino que sabes que recorrerás nuevamente
el mismo camino.
Cuando la belleza de la vida se vuelve un eslogan
publicitario y los retos un castigo. Cuando hasta tu alma se cansa de buscar y
se da cuenta que no hay nada más en la celda de tu mente, te sientes prisionero
dentro de ti mismo.
Y es que la vida no tiene un manual de instrucciones y es
terrible entenderlo, que las cosas buenas que te pasan son por causa justa y
las malas injusticias del destino. La inconformidad crece y te rompe por dentro
y la desesperación del ser se vuelve un accidentado sendero.
Desde siempre hemos sabido de los sabios cual es el método,
pero tan contaminados estamos que lo dejamos colgado en el tendedero. La vida
se volvió sucia y no hay nadie que la quiera limpiar y al buscar más respuestas
descubres que más enterrado estas.
El apocalipsis zombi al que tanto tememos, hace mucho que en
él estamos, rodeados de muertos vivientes que corazón tienen, pero no usan y
tratamos de escapar para que no nos contaminen con sus ideas vanas, asquerosas,
vulgares, corrientes. Orgullosos se sientes de ser ignorantes y mientras más ignorante
más seguidores tienen.
Que infortunados y tristes somos los que buscamos la iluminación,
ya que nos ven como locos, raros, que solo queremos llamar la atención.
Tratamos de encontrar la paz en un mundo que no para ni un segundo, que corre
desesperadamente hacia una meta que no existe.
El amor se volvió un cliché ya que todos se odian a sí
mismos ¿cómo puedes amar si te odias a ti mismo? y ese comportamiento
autodestructivo carcome al hombre desde sus cimientos hasta los intestinos. La
felicidad se volvió algo etéreo, que se enciende al desbloquear un teléfono al
cual nadie nos llama.
Llegamos finalmente a la bifurcación del camino, en donde el
hombre debe de decidir que camino recorrer, el de la iluminación o el de la destrucción.
Últimamente la gente buena muere, yo le temo a la muerte.
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